Visitando a los Bishnoi

Estando en Rajastán tuvimos ocasión de visitar una aldea Bishnoi, una comunidad de filosofía ecologista y conservacionista muy peculiar, y que se ha hecho conocida últimamente porque han aparecido en algunos reportajes de revistas como National Geographic y GEO.

Para llegar hasta ellos viajamos unos 50 kilómetros al sur de Jodhpur, donde una agencia local organiza la visita a los Bishnoi, aderezada con un paseo por una reserva natural, y una visita a una aldea hindú en la que los Brahmanes más veteranos ofrecen una recreación de la ceremonia del opio. 

Para la excursión nos asignaron a un guía y un jeep descapotable, de los que se usan en los safaris en África. Así que os podéis imaginar que Pau estaba encantado viajando sentado adelante, como acompañante del guía. Primero nos llevaron a la reserva a través de un paisaje rural  en el que pudimos tener unas imágenes preciosas de los lugareños inmersos en sus labores cotidianas, como el pastoreo de animales. Colindando con los campos, la reserva se encuentra en el margen del desierto del Thar, donde pudimos ver sin mayor problema a un buen número de antílopes … vimos a varios machos solitarios, distinguibles por sus largos cuernos con forma de sacacorchos, y a un par de machos alfa rodeados de su harem privado de hembras.

A continuación seguimos adentrándonos en el desierto, hasta llegar a una de las aldeas Bishnoi de la zona, las cuales en realidad no son más que pequeños grupos de casas en las que vive un patriarca y su familia más cercana. Esto porque a los Bihsnoi no les gusta vivir en pueblos, sino que prefieren vivir desperdigados, lejos unos de otros, para no sobrexplotar el ecosistema. Los Bishnoi constituyen un grupo religioso que habita principalmente en el oeste del desierto de Thar de la India. Es decir, el tercio oeste del Rajastán, que colinda con Pakistán. Cuentan los Bishnoi que el nombre de su pueblo deriva de las palabras bis (veinte) y nai (nueve), es decir, se definen como los seguidores de los 29 principios dados por Guru Jambheshwar. 

Guru Jambheshwar, que nació en el año 1451, entregó el mensaje de proteger los árboles y la vida silvestre hace 540 años, profetizando que dañar el medio ambiente significa hacerse daño a sí mismo. En su momento, formuló veintinueve principios, que no sólo se dirigen a conservar la biodiversidad de la zona, sino también a asegurar una vida social saludable  en comunidad. Por todo esto, a los Bishnoi se les suele etiquetar como el primer pueblo ecológico del planeta.

Diez de los 29 principios están dirigidos al cuidado de la higiene personal y el mantenimiento de una buena salud básica, siete a observar un comportamiento social sano, y cinco a adorar a Dios. Ocho principios se han prescrito para preservar la biodiversidad y fomentar la buena cría de animales. Estos incluyen la prohibición de matar animales y la tala de árboles verdes, y ofrecer protección a todas las formas de vida.

La historia de los Bishnoi está además marcada por una gran tragedia que se cobró la vida de 362 mártires, quienes continúan siendo venerados y vistos como un ideal de compromiso y determinación. Resulta que en 1730, el Maharaja Abhay Singh, de Jodhpur, necesitaba madera para la construcción de su nuevo palacio, por lo que  envió a sus soldados para cortar árboles en la región cercana de Khejarli, un pueblo que disponía de gran cantidad de árboles. Pero cuando Amrita Devi, una mujer Bishnoi y el resto de pobladores locales llegaron a saber de su propósito, se opusieron a los soldados del rey. 

Estos le dijeron que si ella quería que los árboles se salvaran, tendría que sobornarles. Ella se negó a aceptar el chantaje, y les contestó que lo consideraba como un insulto a su fe, y que prefiría dar su vida para salvar a los árboles. Y así fue como 363 hombres, mujeres y niños, liderados por Amrita Devi, sacrificaron sus vidas, abrazados a los árboles que finalmente lograron salvar. Este hecho todavía es recordado como el gran sacrificio de Khejarli, y en el mismo pueblo fueron enterrados muchos de estos mártires de la ecología. Cada año, en septiembre, los Bishnoi se reúnen alrededor de una simple fosa para conmemorar el sacrificio hecho por su pueblo para preservar su fe y su religión.

En la aldea conocimos a un viejito encantador, de unos 82 años, que jugaba con su nieto, mientras su mujer y algunos de sus hijos y nietos se preocupaban de las tareas domésticas… de él y de su familia aprendimos que los Bishnoi siguen viviendo sin muchas de las comodidades de las que disfrutan sus vecinos hindúes, como la televisión, la luz eléctrica o nevera… aunque si han sucumbido a la tentación de los móviles. Sus casas siguen siendo construidas usando únicamente adobe y paja, y en ellas todo es ecológico y sostenible. 

Los Bishnoi se dedican principalmente al pastoreo de cabras, y en menor medida a la agricultura. Como el clima y la tierra son duros, cosechan principalmente legumbres y frutos secos. De ellos pudimos aprender el uso del estiércol, que depende como se trate puede ser usado como fuente de energía (fuego) o como antiséptico, como toda su ropa se la siguen fabricando ellos, tal como predicaba Gandhi, y que incluso el color azul está prohibido para teñir sus ropas puesto que su elaboración requiere demasiados ingredientes que minan la naturaleza. No sé cuanto tiempo más podrán los Bishnoi mantener la firmeza y fidelidad a sus costumbres, sobre todo las nuevas generaciones, pero sin duda su visión y compromiso con la ecología y la conservación resultan dignas de admiración.

Una linda visita que luego rematamos visitando una aldea hindú, con casas de hormigón (hoy en día ya no se ven aldeas de casas de adobe como las que se solían encontrar en el campo hace 10 o 15 años). Aquí visitamos la casa de un brahmán, al que encontramos preparando un “agua de opio”, de la manera tradicional. Básicamente, se trata de preparar un té usando una parte muy pequeña del cogollo de la flor de amapola, el cual se bebe de la mano del propio brahmán.

Según nos contó el guía, en Rajastán siempre se ha usado esta infusión, especialmente en tiempo de guerra. Entonces, antes de dirigirse al campo de batalla, los soldados bebían cantidades importantes de agua de opio para infundirse valor, y volverse más tolerantes al dolor y la falta de agua y comida durante muchas horas. Lo mismo hacían las mujeres antes de acometer el sacrificio de lanzarse a las llamas o al precipicio con tal de no caer en manos de sus enemigos.

Aunque la ceremonia estaba preparada para nosotros, a ella empezaron a acudir varios otros ancianos brahmanes, quienes son los únicos a quienes se permite consumir este brebaje hoy en día. Como es lógico, el cultivo de amapolas (plantas de opio) está totalmente fiscalizado por la autoridades (o al menos eso creen), y solo puede ser comercializado, comprado y consumido por los Brahmanes… y ocasionalmente por algún turista de suerte, como nosotros mismos esta vez.

La verdad es que el té de opio no fue gran cosa. La pequeña cantidad que pudimos “sorbetear” de la mano del brahmán apenas nos alcanzó para comentar el sabor amargo de la infusión, pero no sentimos nada en especial… más fuerte me pegó el cigarro artesanal, liado con hojas de árboles (si, habéis leído bien), conocido como “biri”, que antes era muy popular de encontrar en India pero que hoy se ve muy poco… será porque hace años se supo que para liarlos hacían falta dedos muy pequeños que, en su mayoría, eran proveídos por niños a quienes las mafias les explotaban de forma inhumana. 

En fin, nos acercamos al desierto del Thar y a una de las ciudades más mágicas de India… eso en la próxima entrega.

Un abrazo a tod@s,

Michel

2 comentarios sobre “Visitando a los Bishnoi

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