Varanasi, la ciudad eterna

Y junto a  la despedida de Bagjit en la estación de Khajuraho, nos sumergimos de golpe y porrazo en la última fase del viaje…luego de 20 días muy cómodos en un coche ya nos apetecía la inmersión en el viaje de a pie y con mochila al hombro. 

Cada vez que miro a Pau sudando y no entendiendo del todo a estos papis que les va este rollo, me inunda un profundo agradecimiento de saber que éste es el regalo más lindo que queremos hacerle con estos viajes: que recuerde y conozca de primera mano aquellas cosas que nos gustan y con las que vibramos, luego él ya decidirá su manera de viajar, pero el compartir las alegrías y pesares de cruzar ciertos límites es el gran aprendizaje de los tres.

Y Varanasi, te aporta una buena dosis de lecciones en este cruzar límites…

En la decisión de pasar por Kashi una vez más, es mi tercera vez en esta antiquísima ciudad, ha pesado mucho mi deseo de hacer de Benarés la ciudad a visitar cada vez que pisemos suelo Indio…así tanto me gusta, o así tanto me sacude…

Justo antes de iniciar el viaje me reuní con una querida amiga y sus dos queridas hijas, ya que harían casi al mismo tiempo que nosotros un periplo por India del Sur y la parte final del viaje la rematarían pasando por Varanasi…y habían escuchado ciertas cosas sobre esta ciudad. Cuando estuve sentada frente a ellas para contarles el por qué de mi fascinación por Varanasi, sentí un movimiento cálido dentro de mí, era mi emoción al recordar mi primera vez aquí y el impacto que viví. Es donde mejor se puede vivenciar que estás en otra época, aterrizas en la Edad Media sin más!

Para mí, Varanasi es el corazón palpitante de India, aquí no sirve de nada nuestro juicio, aquí se debe sentir, y ahí también radica lo confuso de explicar, ya que el agobio por el calor, el ruido, el polvo, la estrechez de sus callejones, las vacas y sus cacas, los cortes de luz y el encontrarte de pronto a oscuras y sintiendo la vida a mil a tu alrededor, no es habitual de vivir en nuestro mundo occidental. 

Como tampoco lo es el poder maravillarte de tantos y tantos oficios que hemos reemplazado y que aquí dan ese toque surrealista a la ciudad, y de alguna manera te hacen conectar con lo esencial…Es que ese caos que te inunda  y que te golpea, ves de forma muy clara que funciona, y les funciona de maravilla, de hecho han incorporado ciertas cosas de nuestro desarrollo pero sin perder sus costumbres arraigadas, entonces en esa mezcla te ves de pronto con los sentidos a mil, es un no parar, es intensidad y autenticidad desbordantes.

Y eso que aún no menciono el plato fuerte , la espiritualidad de la ciudad, que se ve reflejada en la vida sin igual del Dios en estado líquido que tienen en el río Ganges y que ofrendan a cada minuto  con una intensidad y devoción para mí sin igual.

Para ellos el Ganges es sagrado, y luego de ver todo lo que ocurre en sus orillas, con la calidad de sus aguas y que no haya una epidemia, para nosotros es una prueba fehaciente de que aquí pasa algo, y algo sagrado. Y así lo creemos.

Cuando hablé con Gabriela, Violeta y Mariam, nuestras amigas, estaba sobre la mesa el tópico de las incineraciones a orillas del río…y claro, esa es la parte morbosa con la que alguien se puede quedar al visitar la ciudad sin adentrarse en su palpitar.

Aquí en Varanasi se celebra la Vida de una manera intensa, y en esa celebración hay cabida a la gran dama: la Muerte. Y, como no, al fin de los ciclos de reencarnaciones…de ahí la importancia para los miles de peregrinos que vienen a la ciudad, de morir aquí y así esparcir sus cenizas en el río. Hace dos años, en la entrada de Varanasi, Michel explicó muy bien este ritual en particular… no les quiero marear ni repetirme.

Nuestra llegada a la ciudad estuvo marcada por una placentera y esperada noche en tren, envueltos en esas sábanas blancas muy bien planchadas que te entregan, en bolsas de papel craft, para que hagas tu cama, ¡una auténtica gozada! 

La salida de la estación nos golpeó con ese zumbido de vida…luego de negociar el precio con un rickshaw para que nos llevara a la parte antigua, nos enteramos de que ya está prohibida la entrada de ciertos transportes hacia los callejones y debes, en un punto, cambiarte a un tuc-tuc a pedales, que te acercan hasta donde definitivamente tienes que coger mochila y sortear callejones y recovecos hasta llegar a destino, una auténtica odisea!

Yo venía desde hacía un par de días sintiendo malestar de garganta y tos en cuanto sentía el aire acondicionado funcionar, y este malestar junto con el calor y humedad agobiantes no me impidieron llegar directo a la ducha y salir a recorrer…nos encontrábamos cansados del viaje, pero no dudamos en ir al “dhaba” al que siempre vamos en Varanasi para saludar a algunos camareros que se sorprendieron de ver a Pau tan grande… aquí nos comimos unos ricos Masala Dosa!

Y luego los pies nos llevaron hasta el río, que para nuestra sorpresa estaba tan alto, debido a las lluvias, que no se podía caminar por los ghats, y mucho menos unirlos. Esto es una pena ya que una de las maravillas de esta ciudad es ver la vida en cada uno de ellos…Varanasi ya nos entregaba la primera lección, soltar ideas prefijadas y disfrutar lo que la vida te presente.

Caminando y caminando, llegamos hasta Manimarnika. En este ghat pudimos presenciar algunos rituales crematorios, que debido a lo alto del río estaban en un espacio muy reducido y generaban un calor brutal. Y fue aquí donde comencé a sentirme mal, el calor me desbordaba…decidimos regresar al hotel a descansar y al menos para mí, fue la última salida, ya que estuve con fiebre los próximos dos días. 

Junto con ello, durante los próximos tres días estuvimos acompañados por tormentas y lluvias de fin de mundo. Nuestra habitación tenía un mini balcón, que nunca puedes usar porque los monos acampan a sus anchas…pero te permitía ver un trocito de la madre Ganga y el agua que limpiaba a la ciudad. Fue diferente y mágico, me sentí haciendo una limpieza profunda junto al río…lección y regalo a partes iguales de Varanasi para mí.

Los chicos intentaron salir en los ratos que paraba un poco la lluvia y disfrutaron de ciertas terrazas cubiertas jugando carioca mientras esperaban comer. La última tarde, que ya me sentía con fuerzas gracias a un plato de arroz blanco, salí en rickshaw hacia Asi Ghat, una zona más tranquila de Varanasi y el lugar donde nos quedamos a dormir hace 15 años con Michel…pero la lluvia truncó los planes de paseo!. Pero no nos privó del grato traqueteo en rickshaw que nos encanta y siempre es aventura pura!

Por lo que hemos quedado con la tarea pendiente de hacer una visita a Varanasi en una fecha diferente a Agosto y así disfrutar del río en plenitud.

Es decir, Varanasi sí o sí en el próximo viaje a India!!! OM Namah Shivaya…

Besos impregnados de La Luz de Varanasi.

Con amor,

Mónica

2 comentarios sobre “Varanasi, la ciudad eterna

    • Vero!!!
      Aún queda una coleta del viaje por escribir y compartir…eres una fiel patiperra! Mil gracias linda!
      Super besos que lleguen hasta la bella Valdivia!

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