Don´t worry, Be Hampi!!

Hola Patiperros!

Se acerca el final del viaje, y se nos acumulan las entradas que tenemos planeado subir, y que seguramente terminaremos subiendo una vez en casa. Pero hoy, mientras vamos en este tren nocturno de camino a Agra, nos apetece contaros sobre nuestra estancia en Hampi, en el centro del estado de Karnataka (de hecho, fue el último lugar que visitamos en el sur de India, antes de venirnos al norte el jueves pasado).

Hampi nos ha calado profundamente, al punto de que los tres coincidimos en incluirlo dentro de nuestros tres lugares favoritos del viaje. Se trata de un pequeño pueblo situado entre las ruinas de lo que fue la capital de uno de los imperios más importantes de la antigüedad en India, el Imperio de Vijayaganar (para los que lo quieran “googlear”). Este imperio floreció de forma espectacular entre los siglos XIII y XVI, pero la zona ya era famosa y venerada por los hindúes desde mucho antes, ya que las montañas de los alrededores son mencionadas en el Ramayana, uno de las tres novelas épicas que de alguna manera marcan gran parte de la teología hindú. En esta épica, esta zona era conocida como Kishkinda, territorio de los dioses mono… será por eso que en Hampi los monos campan a sus anchas en las calles y templos, jugando sobre los tejados y encaramados en los postes eléctricos. De hecho, estuvimos un par de días incomunicados porque, según nos comentaron, los monos habían roto un repetidor de señal, dejando a todo el pueblo sin señal de móvil e internet!

Pero, más allá de la importancia de las ruinas y del peso de la historia de este lugar, lo que más impresiona y enamora de Hampi, es la espectacular belleza de su paisaje, dominado por rocas de granito rojizo esparcidas caprichosamente entre campos de arroz, plantaciones de plátanos, un precioso río y, como no, un montón de ruinas a las que nadie parece prestar atención. Aunque las ruinas de Hampi han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por Unesco, es increíble ver como los locales se han retomado la ciudad, ruinas incluidas, para hacer su vida diaria. Por eso no es raro ver casas adosadas a lo que fue un templo, o a rebaños de cabras y vacas buscando su comida entre las ruinas, mientras el pastor se toma una siesta a la sombra de un dintel de 700 años de antigüedad (que en la mayoría de los países del mundo estaría súper protegido, o hasta en un museo). De hecho, en muchos sentidos, Hampi vendría a ser como una Roma India, sólo que aquí la gente se ha tomado el sitio para vivir, y las autoridades lo han permitido… sólo algunos pocos monumentos, los más valiosos e importantes, han sido vallados y son cuidados, pero la gran mayoría se encuentran esparcidos por el campo, sin ningún tipo de protección o indicación.

Así que, ante tal panorama, además de hacer las visitas de rigor a los templos y edificios más importantes, una buena parte de los tres días que estuvimos en Hampi los pasamos paseando en bicicleta, metiéndonos por caminos secundarios, entre campos de arroz, en busca del contacto con la gente local. Esta fue la experiencia que más nos marcó durante nuestra estancia en Hampi… la increíble sensación de libertad y espontaneidad de la que gozamos mientras nos veíamos rodeados de un paisaje tan hermoso, tan bucólico.

Así, siguiendo nuestra intuición, dimos con varios sitios preciosos. Uno de ellos, el templo de Hanuman, el dios Mono, se encuentra en la cima de una colina, y para llegar hasta él tuvimos que subir 570 escalones a pleno sol. Eso sí, la vista desde el templo es espectacular, permitiendo ver como el río Tungabhadra se abre camino por los verdes valles, entre colinas de roca. Este lugar es súper sagrado para los hindúes, porque se dice que el popular Hanuman habría nacido en esta colina, así que son muchos los peregrinos con los que nos topamos.

Más allá nos encontramos otro templo, más pequeño y dedicado a Lakshmi (la esposa de Vishnu, uno de los tres dioses principales del hinduismo). Lo entretenido fue que aquí coincidimos con alguna celebración especial del templo, y Lakshmi, como buena diosa de la abundancia entre otras cosas, nos “guió” para compartir la rica comida que había en el templo para los peregrinos…. a pesar de era obvio de que no éramos devotos de Lakshmi, igualmente nos invitaron a compartir su comida, a lo que accedimos encantados porque de hecho era ya tarde y no había donde encontrar un sitio para comer. Como es costumbre, Mónica y Pau se convirtieron en el centro de atención de todo el mundo… los “selfies” que se llegaron a tomar con la gente son imposibles de contar!

Pero además del contacto con la gente y el paisaje, estos días disfrutamos mucho de simplemente andar en bicicleta. Como el paisaje es mayormente de tierra y piedra, las bicicletas que se alquilan son de montaña, perfectas para jugar un poco. Pau volvió a cogerle el gusto a ir en bicicleta, y fue el que más gozó de andar dando brincos por los caminos de tierra y sobre las rocas. Y, cada vez que necesitamos cruzar el río para seguir explorando, tuvimos que buscar a algún barquero que nos cruzara, bicicleta incluida… vamos, que nos sentimos como unos Indiana Jones!

Junto a la belleza de los paisajes y lo espectacular de muchas de las ruinas que visitamos, de Hampi nos llevamos un recuerdo muy bonito del pueblo y, sobre todo, del Guesthouse donde nos quedamos. El Gopi Guesthouse es un típico alojamiento hecho para acoger mochileros, con habitaciones muy simples pero cumplidoras, un menú que incluye platos occidentales (lo cual Pau agradeció mucho!), música de Bob Marley y Manu Chao, conexión de Wifi y un ambiente cálido y amistoso. Su terraza superior, donde en ocasiones no era posible estar por culpa de los monos, tiene unas vistas inmejorables sobre el templo principal del recinto sagrado de la antigua capital del imperio, así que os podréis hacer a la idea de lo bien situado que está.

Así que esta fue, muy resumidamente, nuestra pasada por Hampi, un lugar lleno de magia, belleza y buen ambiente. De ahí el título de esta entrada, robado de un popular lema que planea sobre este pueblo; “Don´t Worry, Be Hampi!”

Un Abrazo!

Michel

5 comentarios sobre “Don´t worry, Be Hampi!!

  1. Lo maravilliso que sale de vuestros cuentos y fotos es la felicidad y entusiasmo que os acomopaña siempre, ni calor ni cansancio deja huella😘 Muy bien chicos!!!
    La ultina foto me lleva recuerdos de Cambodia, donde en las motos hay sitios para sentarse en 5/6 personas, le cambian la silla y la sostituyan con una mas larga!
    Un abrazo enorme, mil besos

    • Bassa,el chofer que nos acompañó los 6 primeros días del viaje, dijo que pueden ir hasta 8 personas en una moto! sólo vimos 6, si bien también vimos compartiendo espacio en la moto con familias alguna que otra cabra!!! y los asientos te aseguro que no los cambian!
      Abrazos cálidos Serena,
      Monica&chicos

  2. Que genial la arquitectura. Intrincada, muy simetrica y aunque muy maciza, como una fortificación, es agradable a la vista. Felicidades!

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