Las iglesias del Tigray

Siguiendo con las leyendas y mitos que conforman (y adornan) la peculiar tradición religiosa que domina en Etiopía, hay otra que cuenta como el Cristianismo Ortodoxo penetró en los rincones más recónditos del norte del país gracias al trabajo evangelizador realizado por unos peculiares visitantes.

Resulta que, al parecer, varios siglos después de ser introducido en Etiopía, el Cristianismo seguía sin ser capaz de traspasar el ámbito de las cortes de los reyes y familias nobles del reino Akzumita (el Cristianismo llegó a este país por el año 330, convirtiendo a Etiopía en el segundo país del mundo en abrazar al Cristianismo como religión oficial de estado, sólo detrás de Armenia).

Sin embargo, la llegada (siglo V) de un grupo de santos errantes que huían de la opresión del Imperio Romano, cambió las cosas para siempre…. pues estos refugiados evangélicos se encargaron de recorrer el país predicando a la vez que construían iglesias y monasterios sobre la cima de empinadas colinas y acantilados del norte del país. Poco a poco, docenas de estas iglesias comenzaron a poblar algunos de los lugares más inaccesibles que se pueden imaginar, al parecer en busca de la reclusión y la cercanía con el cielo.

Estos nueve santones, que al parecer eran de origen sirio, son más conocidos como los “Nueve Santos”, y ya hace mucho que fueron canonizados por la Iglesia Etíope. A su muerte, sus discípulos y seguidores más entregados continuaron construyendo iglesias por la región que cae al sur de Aksum, conocida como el Tigray…. hoy en día se conoce la existencia de más de 150 iglesias repartidas por la zona, siendo las más famosas y espectaculares aquellas construidas en las montañas de Geraltha, un cordón montañoso de roca blanda y rojiza que resalta contra el verde de los campos que le rodean. Y justamente hasta ahí nos fuimos a patiperrear, con la expectativa de ser capaces de alcanzar algunas de sus iglesias más icónicas, pero a la vez de más difícil acceso.

La primera experiencia la tuvimos al visitar el monasterio de Debre Damo, el cual fue fundado por uno de los nueve santones sirios en persona, Abuna Aregawi. Por esta vez, sólo Pau y yo pudimos ponernos a prueba, porque las mujeres tienen prohibido el acceso al monasterio por culpa de Judit y los destrozos que infringió al Imperio Akzumita. Para poneros en contexto, os explico que el monasterio se encuentra en la cima de un imponente macizo rocoso flanqueado de acantilados verticales, cuyo último tramo de 15 metros sólo se puede superar escalando la roca. Para la tarea, los monjes del monasterio lanzan una gruesa cuerda de cuero para ayudarse a subir, mientras una segunda cuerda se debe atar alrededor de la cintura como medida de precaución.

Al llegar a la base de la pared se puso a llover de manera torrencial, lo cual hizo la tarea aún más difícil, pues la roca se puso aún más resbalosa… Pau, echando mano de mucho valor, pundonor y sus conocimientos de escalada, subió sin mayor problema. Yo, sin embargo, llegué arriba cubierto de sudor por el esfuerzo (tuve agujetas en los brazos los siguientes tres días), espoleado por los peregrinos etíopes que esperaban su turno para subir y no dejaron de animar al «faranji»…

Arriba de la meseta nos encontramos con una iglesia antiquísima, que aparentemente fue construida por el propio santo sirio y uno de sus discípulos, convirtiéndola en la que es tal vez la iglesia más antigua de Etiopía y de toda África. Alrededor de la iglesia nos encontramos con una verdadera ciudad de casas y murallas de piedra, que en su apogeo llegó a dar cobijo a unos 5000 monjes. Hoy en día sólo residen unos 150, los cuales viven de manera totalmente autónoma cosechando sus propios huertos, pastoreando sus propios rebaños de cabras y vacas (sólo machos), y usando el agua de las lluvias que acumulan en pozos excavados en la roca. Por su difícil acceso, este lugar ha sido utilizado para guardar grandes tesoros de la iglesia en los momentos en que el país ha sido amenazado por alguno de sus enemigos, además de como lugar de confinamiento a miembros varones de la corte akzumita que representaban algún peligro para la corona (de usurpación).

La siguiente iglesia en nuestra bitácora de viaje era Abuna Yemata Guh, construida por uno de los más destacados santos sirios, y sin duda la más espectacular de todo Etiopía debido a que está excavada sobre la pared de un pilar de roca separada de la roca madre, de unos trescientos metros de altura. Para acceder a la iglesia primero hay que escalar la roca, muchas veces “a cuatro patas”, hasta llegar al último sector, de unos 10-12 metros de altura, que obliga a escalar una sección totalmente vertical que hace aconsejable el uso de una cuerda de seguridad y un arnés… para la tarea no faltan “voluntarios” espontáneos, que a cambio de una propina aseguran la cuerda al tronco de un árbol y ayudan a los más indecisos…. aunque la roca ofrece algunos puntos de apoyo para manos y pies, lo cierto es que la dimensión del precipicio impresiona y “acojona” bastante.

Nuevamente fue Pau el más valiente y el primero en mostrarnos el camino a seguir. Superada la pared nos vimos sobre una especie de plataforma plana, una saliente de apenas medio metro de ancho, que permite dar la vuelta al pináculo de roca donde está excavada la iglesia… junto a la iglesia, en una cueva pequeña y oscura descansan los esqueletos enteros y bien conservados de miles de peregrinos y monjes que voluntariamente eligieron esperar el fin de sus vidas en este lugar tan cerca del cielo.

Al llegar a la cima tuvimos que esperar el sacerdote que cada día sube desde su aldea para abrir la iglesia a los visitantes, aunque la mayoría de los días se los pasa a solas estudiando la Biblia… seguro que se la ha leído un par de miles de veces en los últimos años (para quienes quieren ver un documental de la BBC sobre esta iglesia y el sacerdote del que les hablo, aquí les dejo el enlace: https://youtu.be/r1QXpmv-y2E

Al final por fin pudimos entrar a visitar la iglesia, la cual impresiona por el gran tamaño de la bóveda y por la existencia de al menos 4 columnas… hay que pensar que esta iglesia fue esculpida en la roca hace 15 siglos, quien sabe con qué tipo de herramientas, y al observar el detalle del trabajo y el tamaño del espacio abierto uno no puede dejar de maravillarse y admirar a los seres humanos que lo hicieron realidad, y a todos aquellos que continúan subiendo a escuchar misa los domingos, o para bautizar a sus hijos…. Lo increíble es que en todos estos siglos no se tiene constancia de que ningún peregrino haya tenido un accidente o hay muerto en la ascensión. Sin duda el santo Abuna Yematah Guh ha tenido mucho trabajo para mantener a todo el mundo a salvo a lo largo de todos estos siglos.

La tercera y última de las iglesias del Tigray que vistamos fue Abuna Gebre Mikael, otra de las obras de uno de los santos sirios y sus discípulos. Menos famosa y visitada que las anteriores, esta iglesia impresiona por su enorme tamaño, con su planta de forma cruciforme, columnas, pilares, varias cúpulas y arcos cuidadosamente tallados en la roca. Además, aún conserva unos bonitos frescos muy bien mantenidos en el tiempo…

Llegar hasta Gebre Mikael nos obligó a otra ardua caminata hasta la pared del macizo, y a partir de ahí nuevamente nos vimos obligados a “reptar” por las paredes, muchas veces a cuatro patas, para ir ganando altura…. hasta alcanzar una grieta entre la roca madre por la cual fuimos ascendiendo hasta alcanzar la cumbre de la montaña donde nos encontramos la iglesia excavada oculta entre matorrales y la alta hierba. Aunque a priori esta excursión no resulta tan espectacular como las anteriores, por no incluir una escalada con cuerdas, o por no estar colgando de un precipicio, sin duda resultó ser la más demandante físicamente por lo larga y por el desnivel que tuvimos que ascender… y luego descender.

Al final de tres días fascinantes, mágicos, dejamos la zona de las montañas de Geraltha para seguir nuestro viaje en otra zona de la región del Tigray con una rica sensación de haber logrado llegar a estas iglesias, como un equipo, a la vez que con un calorcito en el corazón al haber vivido una experiencia extraordinaria en compañía de una gente entrañable que continúa reviviendo la misma fe que condujo a nueve santos sirios a realizar una tarea titánica en una tierra extranjera, extraordinaria pero dura al mismo tiempo.

Un abrazo a tod@s!

Michel

 

6 comentarios sobre “Las iglesias del Tigray

  1. Uf! Michel! Esto si es todo un relato de aventura “extrema”…
    Mil gracias por compartirlo y enhorabuena por haber logrado
    tan ardua empresa.
    Un abrazo de corazón a l@s tres!

  2. ¡¡Wowww!!¡¡Qué bonito familia!! Que súper historia y que fotos más bonitas, espero que lleguéis pronto para haceros muchas preguntas y comer en un restaurante Etíope que han abierto hace poco cerca de casa, hay que conformarse como se pueda, un besazo para todos, Pau está requeteguapo!!

    • Álex y tribu!!!
      Qué alegría saber que os habéis animado a patiperrear con nosotros…
      Ya probaremos la injera del Poble Sec!
      Besazos y uno especial para Koa!

  3. Que lindo leer las cosas que cuentas Michel, imagino lo que es hacerlas!!!!
    No tenia duda, Pau era lo que lo tania mas facil…muy bien chico!!!!
    Leyendo me fue con la cabeza a Petra, Jordania….
    Que sigan disfrutando de estos ultimos dias…y comparten tambien!
    Un abrazo muy apretado a mis patiperros queridos

    • Serena querida,
      A ver si encontramos el tiempo este año para hacer una caminata por las montañas en familia!
      Muchos besos y ya sentimos la nostalgia de la partida…
      La patiperra y sus chicos!

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